Los cuentos que he escrito desde que me aficioné a esto de aporrear el teclado del ordenador los he recopilado en un volumen titulado Cuentos fantásticos para un mundo en crisis. Todos ellos tienen un punto en común: la fantasía se cuela siempre por algún resquicio. Algunas veces resulta muy evidente, como en «La corona de las doce gemas» o en «Un problema de distancias cortas». Sin embargo, en otras historias lo irreal cala poco a poco mientras uno se sumerge en el relato («El político» o «La mercancía perdida»).